Me debato
Entre el rojo el azul el blanco
Entre lo pasado y venidero
El arrebato
De mi ser, duda y tormenta
Detrás
He dejado un camino abierto con cariño
Vida apacible, jardín, dulzura
Delante
Fuego en mis propios edificios
Maestros baleados por dragones
Un Sí un No, una batalla
Creía que creía
Nunca creí, no creo
Hoy es vago Ayer
Un extraño Mañana
De Tiempo sin relojes
Mares sin navíos
No creí que creyera
Cuando crédulo creía
En magos y sofistas
Brujas duendes y actores
Amplio error allá en la Tierra
De recovecos hoyos precipicios
Solo en lo fundamental acompañado
Lobo de mar soldado raso
Rey sin reino definido
Indefenso boxeador obispo excomulgado
Lluvia en suelo árido
Semillas entre rocas
Ignorado canto de sirenas
Este Presente, cama y suelo,
Danza incomprensible
Drama de telón incierto
Tormento,
A veces pienso: soy duda y tormento
Creo que no creo
Haber creído lo que creen
Pero heme aquí, creyendo
No creer lo que otros creen
Joven aún, mitad muerto
Anciano infantil y blanco y negro
Acaso
Vaivén de canoa entre ataúdes
Sol de playa y cementerio
Música de entierro y derrumbe
Guardián de qué no lo comprendo
Me persigno y lloro ante el altar vacío
Los copones humean
Sangre y más sangre cayendo
De entre cruces y santos
Ventanas sin aire vitrales espanto
Cúpula ósea y laberinto
Lengua de serpiente
Atril y llanto
Creo y no creo
O mejor: no creo tanto
Tormento
Quiero amor, no negocio
Quiero verdad, no sabihondos
Quiero hermandad, no mera cofradía
Tormenta
¿Progreso este suelo inerte,
Incensario ególatra de mi oscuridad?
¿Felicidad el aire de metal, la selva muerta?
Creo: he creado el tormento
Creando mi propia tormenta
Y es vacío y duda el alma mía
Cuando creo y no creo
Creyendo que creo
Cultivo entretanto
Los claveles de Nietzsche en mi conciencia
Para luego arrancarlos
Con furia, en arrebato
De hierro y mármol
Camino y caigo
Busco Justicia,
A tientas, no sé dónde
Deambulo entre maniquíes y sombreros
Por todas partes sevicia maquillaje
Maldad enmascarada
Corro entre manos de madera
Voces de cartón, llamas como labios,
Golpes sin forma sin intención alguna
Y la piedra es piedra
Creamos lo que creamos
Esta, la vida, es duda y tormento
Es un no cerrar los ojos
Ante la redención de lo irredento
Ahora o nunca
Renuncio y me renuevo
No quiero creer pero creo
Renuncio a la sosa quietud sin compromiso
Al cómodo sillón que olvida al mundo
A la tontería de creerse omnipotente
Vuelan murciélagos de cobre
Me escupen ateos y frailes
Me odian ignaros e iniciados
Me calumnian alumnos y maestros
Pero ya Soy
Un Yo una Conciencia
Un acto de Fe.
David Alberto Campos Vargas, Nuevo Orden, 2007
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