sábado, 17 de mayo de 2008

XXXII

Andante
La marea es acuosa o petrosa según quien la mire
Como el sol la voz la música o la espuma
Arenal de quién nunca lo sabremos
Arsenal de dónde acaso adivinamos
Mientras vamos
Surcando el gemido del arpa en un cubo
Saltando juncos estupidez murallas
Derribando barrotes con poemas
Andando
Atravesamos esfinges reflejos maleficios
Coronamos de laurel el canto
Navegamos
Y es la andanza un aliciente

De cierta actitud, cierta o incierta
De cierta razón o sinrazón sin Norte
Arenal de quiénes nunca lo sabremos
Arsenal que acaso adivinamos
Letras de fuego
Versos en llamas como dardos
Andamos
Sabemos por qué
No sabemos el cómo
Ignoramos hasta cuándo

La dicha es el azul que no conoce señales
El mar apenas imaginado
La inmensidad que no se nombra
Esa luz en tus ojos, amiga,
Esa luz que trasciende latitudes

Andantes
El hermano del mar y su Vida,
Dragón de dos cabezas: dos bocas para amarse

Latitud luminosa trascendencia
Mágica amiga: tus ojos
Son la inmensidad que no se nombra
El mar imaginado apenas
La señal del azul de la dicha

Letras de fuego no alcanzan
A igualar el corazón mío.

David Alberto Campos Vargas, Nuevo Orden, 2007

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