sábado, 17 de mayo de 2008

XXIV

Labios como dagas

Emerge la rosa del mármol
Juegan lechuza y arcoiris

Dolor de placer

Presiento
Un ancho sepulcro
En el sinfin de los tiempos

Una cruz, una sonrisa de buitre,
Festín de cadáveres y estrellas

Amplia incisión y el alma mía
Divaga entre máscaras y catedrales

¿El camino ha sido olvidado?

Entretanto
Sangrante la losa
Cultivo de llagas osario

Esta incomprensible letanía
Avanza al claroscuro

Incienso y hábito

Saluda el esqueleto
A los fieles a los camaradas
Ruedan larvas tierra ideas
El corazón se hace carne
Y la carne piedra
Y la piedra Cosmos
Y un silencio absoluto nos condena

Uñas dientes cuchillos
Ojos comidos por gusanos
Vértebras haciéndose polvo
La lengua y sus lenguas: antaño

Solo
Viajando sin mapa sin itinerario

El rojo ahora púrpura mañana negro
Y al final un gris uniforme y paciente

¡Curiosa simbiosis los años!

Sin más oración que la condena,
Guardo luto por mí, y callo,
Y callan las luciérnagas los faroles
Mientras estatuas entrañables
Asean sus trajes de culpa
Sus vestidos de vergüenza

Y luego la lluvia justiciera
Aniquila paraguas y bastones,
Fulmina hipócritas y bufones

Se van, se van

Yo quedo
Y debo decir: permanezco

El viento sacude lágrimas y tumbas,
Suena, resuena melodía vengadora

¿Hacia dónde?
¿Dónde llegan cerebro e ideario?
¿Adónde reposan pasión y canto?

¿Sentiré la risa de los niños,
El baile del mundo, el Hado?
¿Me leeré a mi mismo con ojos de otros hombres,
Amaré de nuevo a pesar de la distancia?
Algunos me han dicho que sí;
Con ellos habré de encontrarme.

David Alberto Campos Vargas, Nuevo Orden, 2007

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