Labios como dagas
Emerge la rosa del mármol
Juegan lechuza y arcoiris
Dolor de placer
Presiento
Un ancho sepulcro
En el sinfin de los tiempos
Una cruz, una sonrisa de buitre,
Festín de cadáveres y estrellas
Amplia incisión y el alma mía
Divaga entre máscaras y catedrales
¿El camino ha sido olvidado?
Entretanto
Sangrante la losa
Cultivo de llagas osario
Esta incomprensible letanía
Avanza al claroscuro
Incienso y hábito
Saluda el esqueleto
A los fieles a los camaradas
Ruedan larvas tierra ideas
El corazón se hace carne
Y la carne piedra
Y la piedra Cosmos
Y un silencio absoluto nos condena
Uñas dientes cuchillos
Ojos comidos por gusanos
Vértebras haciéndose polvo
La lengua y sus lenguas: antaño
Solo
Viajando sin mapa sin itinerario
El rojo ahora púrpura mañana negro
Y al final un gris uniforme y paciente
¡Curiosa simbiosis los años!
Sin más oración que la condena,
Guardo luto por mí, y callo,
Y callan las luciérnagas los faroles
Mientras estatuas entrañables
Asean sus trajes de culpa
Sus vestidos de vergüenza
Y luego la lluvia justiciera
Aniquila paraguas y bastones,
Fulmina hipócritas y bufones
Se van, se van
Yo quedo
Y debo decir: permanezco
El viento sacude lágrimas y tumbas,
Suena, resuena melodía vengadora
¿Hacia dónde?
¿Dónde llegan cerebro e ideario?
¿Adónde reposan pasión y canto?
¿Sentiré la risa de los niños,
El baile del mundo, el Hado?
¿Me leeré a mi mismo con ojos de otros hombres,
Amaré de nuevo a pesar de la distancia?
Algunos me han dicho que sí;
Con ellos habré de encontrarme.
David Alberto Campos Vargas, Nuevo Orden, 2007
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